No bastaron
las caricias,
de un corazón
palpitante,
que moría
por su vida.
Ni los millones
de besos,de sus
labios,a su
alma,
que se dieron
a escondidas.
Las torpezas,
la ignorancia...
De causar
la muerte en vida.
De aquella que
le soñaba,
aún, sin estar
dormida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario