Hay heridas
que jamás
cicatrizan,
y daños
irreparables...
Distintos roces
en el mismo sitio.
Variadas causas
para un único
suplicio.
Quién hiere,
no es
quien quiere...
es aquel,
que con
o sin actitud
puede.
Y no es el cuerpo
el que duele...
es el alma,
ya cansada
la que con
tanto dolor
no puede.
Fotografía cedida por:
Annabelle Mérida
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