Mi niñez apresurada
pasé en una casa hermosa,
mientras subía y bajaba
Las escaleras piedrosas.
Al fondo solo había campo
Y montañas impetuosas.
Al lechero cada día
íbamos a visitar,
para traer leche fresca
que era todo un manjar.
Que vida tranquila se vive
en un pueblo pequeñito,
donde todos se conocen...
y hay poco de qué hablar.
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